Cosas que hacer en Japón

Pasear por cualquier ciudad de Japón es saltar constantemente del futuro al pasado y viceversa: templos -antiguos y muy bien conservados- junto a rascacielos ultramodernos, con sistemas increíbles para soportar bien los terremotos; jardines tradicionales junto a esculturas de vanguardia; museos de historia junto a exposiciones de tecnología punta…

Yo fui antes del gran terremoto, pero estoy segura de que, en lo esencial, no ha cambiado nada. Es un lugar donde puedes vivir muchas más experiencias que en otros países, tienen un elaborado y complejo sistema de ocio, que va desde lo más tradicional a lo más vanguardista. Mis viajes nunca van de ver monumentos y pedruscos (aunque también veo algunos, he de confesar). Prefiero “vivir” cosas y llevarme intensos recuerdos de mis experiencias.
Aquí enumero algunas vivencias japonesas que yo escogí, para que vayáis abriendo el apetito. Iré poniendo más en los próximos posts sobre Japón:

Jardín japonés Tokyo

- Alojarse en un ryokan tradicional. Es toda una experiencia dormir en el suelo, el olor del tatami, las semillas de la almohada, los asientos sin patas y el ambiente tradicional. En Tokio fui a un ryokan de pueblo, y eso sí que ya fue lo más. El jardín era precioso y la ventana daba a un tupido bosque de bambú. La familia no sabía una palabra en inglés, pero eran un amor, y nos entendimos perfectamente: Ryonkan Yamazaki.
- Una visita a los muchísimos parques temáticos que existen en Japón, incluido uno sobre España, el Shima Spain Village, que no deja de ser chocante. 2.800 yenes el acceso y 4.800 el pasaporte.
- Vivir un día como un antiguo samurai o una bella gheisha del Periodo Edo en el Toei Movie Village,  un pueblo reproducido cerca de Kioto donde ruedan muchas pelis de la época.

Toei Village movie Kyoto

- Pasear en el Romantic Train por el valle de Arashiyama, en Kioto, con paradas en los arrozales, el río (donde también se hace rafting), el bosque de bambú (absolutamente exótico), templos, casas de señores feudales perfectamente conservadas, jardines japoneses fabulosos… Un estupendo recorrido que te puedes montar a tu aire. 600 yenes.
- Subir de noche al Monte Fuji para llegar a la cima al amanecer. No dejéis de probar los snacks curiosos que venden a mitad de camino (calamar a la brasa para comer pinchado en un palo o cangrejos crujientes caramelizados y picantes, por ejemplo).
- Ir a una representación de teatro Kabuki. Duran seis horas, pero puedes ver sólo la última media hora, hay un ticket especial para turistas, muy bien de precio.
- Ir a la Torre Tokio y disfrutar haciéndote fotos divertidas con trucos ópticos en el Trick Art Gallery, uno de los varios museos estrambóticos que hay debajo (también hay de holografía, récords, cera, etc).

Trick Art Gallery, Tokio Tower

- Pasar una noche romántica en un “love hotel” con tu pareja. Los hay con decoraciones impensables. Puede parecer un poco casposo, pero no deja de ser una noche diferente y original.
- Pasar unas horas en el Sega Joypolis, un centro recreativo donde puedes “experimentar” los videojuegos y las atracciones tecnológicas de última generación. Hay en Tokio, Okayama y Osaka.
- Coger un tren Shinkansen, uno de esos trenes ultrarápidos que no tocan los raíles (usan un sistema de imanes para evitar el rozamiento). No sólo se cruzan el país en un plis, es que la experiencia es increíble. No se mueven nada, y sin embargo el paisaje se desdibuja en la ventana.
- Dar de comer a los ciervos en las reservas que están junto a los templos. Si te alejas de las casetas donde se vende comida y te adentras en el bosque, podrás alimentar con cuidado a las crías y a las ciervas jóvenes, que no les gusta el jaleo de la gente. Cuidado con los machos, tienen cuernos largos y bastante mala leche. Los hay en Nara, Monte Fuji, isla de Miyajima, etc.

Ciervos en Nara, Japón

- Hacer un crucero por un lago de Hakone en un barco pirata chino.
- Una sesión de karaoke en sala privada con tu pareja, familia o amigos. Los cócteles están deliciosos y, sorprendentemente, en algunos puedes encontrar canciones en español. Las horas de madrugada son mucho más baratas. Hay gente que los usa para dormir.
- Tomar un baño en un onsen tradicional. Yo fui al onsen mixto de Odaiba, en Tokio, que está tematizado del Periodo Edo, mi favorito. Te parece haberte trasladado en el tiempo, me encantó. Puedes también darte un masaje o una sesión de peces garrufa en una gran laguna artificial. 2.900 yenes la entrada más cara.

Ooedo Onsen Monogatari

Bora Bora y Moorea

Ia oranaaaa!!! Hoy hemos llegado a Moorea. La pensión también es alucinante, rústico tropical a todo lujo. No nos dan ninguna envidia los resorts de 1000 euros la noche, en serio. Lo pasamos  muy bien en Bora Bora, pero la verdad es que es un ambiente un poco de Marbella, salvando las distancias. Muchos turistas, en comparación con las otras islas, todo es bastante caro y la mayoría de las playas son privadas. ¡En todas pone Tabú!

La niña del coco
La niña del coco en la playa tabú de Bora Bora

Aunque en realidad ayer estuvimos paseando por las playas prohibidas y vimos a unos niños (entre ellos “la niña del coco”) que nos dijeron “tabú, tabú”, pero ellos también estaban pescando en la zona prohibida, así que se reían y seguían con sus labores de pesca hasta que llegó el guarda y salieron corriendo. Esta preciosa islita, bellísima por su impresionante laguna y su caprichosa forma, ha perdido bastante de su encanto de antaño, con tanto overwater y tanto pijerío. Consejo: No vayáis solo a Bora Bora, incluid islas menos turísticas en vuestro itinerario.

Efecto óptico

La laguna de Moorea, tan calma, que es un espejo del cielo al atardecer

También tuvimos la oportunidad de conocer a la doctora de Vaitape, la capital, que resultó ser de San Sebastián. ¡Qué cosas! Mi novio se hizo un rasguño con un coral y no sabíamos que había que echar lima o cloro sobre la herida enseguida, para matar al coral, que es un animal y le gusta quedarse a vivir en las personas… Se le infectó mucho y tuvimos que ir al médico. Menos mal que habíamos pillado seguro, porque nos costó 25o euros la broma, entre los materiales, la mano de obra y los medicamentos. Pero quedamos contentos, porque así pudimos ver cómo viven los tahitianos más de cerca, haciendo vida social en la cola del ambulatorio. Consejo: Recordad pedir todos los papeles para el seguro: facturas, tickets de farmacia, etc.

Moorea island and Tahiti (Temae)
Moorea, playa de Temae, con Tahiti al fondo

Como mi novio no se podía bañar, alquilamos un submarino y nos fuimos a explorar el arrecife. Vimos tiburones limón (una de ellos embarazada) y la vida submarina fuera de la laguna, a casi 50 metros. Fue chulo, pero muy caro. Nos costó 20.000 francos entre los dos, que vienen a ser 168 euros. Pero para el que quiera ver la vida submarina sin tener que mojarse, es una buena opción. El alquiler del equipo de buceo no habría sido más barato tampoco…

Después de Bora Bora y sus resorts, Moorea nos parece más auténtica e igualmente bonita, incluso más, por su interior montañoso y volcánico.

Hemos alquilado un coche (80 euros un día) y la hemos recorrido a nuestro aire, parando en calas chulas y en miradores con fantásticas vistas (Belvedere) y bebiendo cocos fresquitos en puestecillos de carretera. Una visita al Instituto Agrícola nos ha hecho conocer cómo cultivan las frutas tropicales y las verduras. ¡Las plantaciones de piñas son preciosas! Consejo: Haced el recorrido corto, el largo se hace eterno bajo el sol.

Plantación de piñas en Moorea

El Instituto Agrícola de Moorea. Plantación de piñas.

Como anécdota, deciros que ahora entendemos porqué toda la comida es carísima. Hay muy poca agricultura o ganadería y eso hace subir mucho los precios. Un kilo de tomates vale casi 6 euros. Además, hasta hace poco estaban obligados a importar todo desde Francia, en la otra punta del mundo, con lo que un yogur o una pasta de dientes te puede costar diez veces más que en Europa. Ahora están cambiando las leyes y empezando a traer cosas de Nueva Zelanda, que está muchísimo más cerca. Los franceses han estado explotando aquí todo lo que han podido. Bueno, como todos los colonos…

Rotui y Belvedere

El monte Rotui y un gallo desde el Belvedere. Los gallos salvajes y sus familias de gallinas y pollitos siempre tienen prioridad en las carreteras. Consejo: Conducid despacio en Polinesia

Esta noche hemos conocido a una catalana que vive aquí y nos ha presentado a algunos tahitianos. Hemos estado de fiesta con ellos hasta muy tarde. Lo pasamos genial y fue una forma fabulosa de conocer cómo viven y piensan. Resumo: odian trabajar, beben muchísimo y tanto casados/as con hijos como solteros/as tienen una sexualidad muy abierta, la fidelidad les resulta muy difícil, cosa que conlleva problemas conyugales (también algunos palos) y muchos cambios de pareja a lo largo de la vida. Los niños pueden llegar a tener varios padres seguidos durante su adolescencia y parece que no les supone mucho trauma. Hemos acabado a las tantas en un control de alcoholemia, pero mi novio es un campeón y dio 0.0 ;)

¡Ya quedan pocos días de Paraíso!

Bora Bora

Ayer al final nos quedamos un día más en Huahine, así que aprovechamos para ver la zona de la isla que menos conocíamos, hicimos snorkel (fantástico, como siempre) y alquilamos unos caballos para recorrer bosque, selva y laguna. Con el agua a medio muslo y esquivando las medusas, la parte de la laguna fue la mejor. ¡Era una sensación increíble atravesar el agua a caballo! Fabulosa experiencia. Acabamos con un ya habitual espectacular atardecer y al día siguiente partimos hacia Bora Bora, una isla pequeña y caprichosa, cuya laguna deja sin aliento a todo el que llega por primera vez.

Bora Bora island

La laguna de Bora Bora es espectacular

El viaje fue impactante, por las vistas de las islas desde el avión y por la llegada, que nos sorprendió por el azul imposible de sus aguas. Primero en barco y luego en truck, llegamos a Punta Matira a tiempo para nuestra cita con el sunset. Acabamos con una deliciosa cena polinesia y un show de danzas tradicionales, que nos encantó.

¿Qué decir de Bora Bora? Que es increíblemente bonita, pero que ya está un poco pervertida de turismo. Se va pareciendo demasiado a Marbella, salvando las distancias, pero no me arrepentí de haberla escogido. Procuramos no mirar los anuncios de perlas, las casas con seguratas y los resorts de lujo y descubrimos debajo el auténtico paraíso que fue en su día esta pequeña isla en medio del Pacífico.

Motu en Bora Bora

Arena blanca, aguas turquesa, palmeras verdes y pareo rojo, esos son los colores de Bora Bora en mi cabeza

Hoy hemos empezado el día viendo amanecer. Luego hemos rodeado la isla de Bora Bora con una canoa tradicional y hemos buceado en un jardín de coral alucinante, el mejor hasta ahora. Era como estar en un acuario inmenso. Hemos visto una morena gigante, ¡¡¡qué susto!!!

Luego hemos ido al arrecife y nos hemos bañado con ¡¡¡TIBURONES!!! Maldito Spielberg, al principio oía el tuntuntun de la peli de Tiburón en mi cabeza, pero luego se me ha pasado y nos hemos mezclado con ellos sin ningún cuidado, no eran muy grandes. ¡¡¡Una experiencia inolvidable!!! Al principio les han dado de comer, y eso no me gustó tanto, porque dicen los ecologistas que con ello rompen el equilibrio medioambiental, y que se vuelven perezosos. Pero en fin, he disfrutado tanto que ya no he pensado más en ello. ¡Qué emocionante!

Platos típicos

Pez espada a la brasa, atún crudo, pan de coco, tubérculos de la zona... Todo tradicional y exquisito

Más tarde hemos ido a un motu (islita desierta) a comer pez espada a la brasa, atún crudo, tubérculos de por aquí, pan de coco y frutas tropicales. Todo en platos de hojas trenzadas y con los dedos. Hemos aprendido a abrir cocos y rallarlos y hemos bailado las danzas típicas a ritmo de ukelele.

Luego hemos ido a nadar con las rayas grises. Cómo se rozan, ¡parecen gatos! ¡Son como de goma y muy suaves! Hemos estado retozando con ellas más de una hora, ha sido fantástico.

Rayas de Bora Bora

Son como gatos viscosos, les gusta rozarse

Cuando ya volvíamos a la costa, el capitán a empezado a gritar algo en tahitiano y a señalar al agua como un loco. Nos decía en francés que nos metiéramos en el agua inmediatamente, rápido, rápido, allí en medio del océano. Ni corta ni perezosa me he puesto las aletas y me he lanzado al agua, y mi novio detrás. La sorpresa ha sido increíble, eran tres mantas raya, enooooormes, se ve que no son nada fáciles de ver, y hemos nadado junto a estas gigantes del mar un buen rato, siguiéndolas. ¡¡¡Apoteósico!!! También hemos visto una tortuga marina, y de lentas nada. Vaya ritmo llevaba.

Hemos terminado con una Hinano beer viendo nuestra puesta de sol, como ya viene siendo habitual, y hemos cenado pescados frescos en un bonito restaurante junto al mar.

Huahine Iti

La isla de Huahine

Piragua tradicional en la isla de Huahine

¡Vaya día increíble! Hemos alquilado un coche y nos hemos ido a explorar la isla, muy poco turística en realidad. Antes de nada, a misa, que es domingo… La ceremonia dura dos horas, pero cantan cada cinco minutos, así que no se aburren. Se nos ponían los pelillos de punta con sus voces, pero como no entendemos tahitiano, nos hemos ido en 10 minutos. Las mujeres van de blanco con sombreros de paja especialmente decorados para los domingos.

Luego hemos visto maraes (templos donde hacían sacrificios humanos antes de una batalla o un viaje largo, para contentar a los dioses), las anguilas sagradas de ojos azules (a las que los lugareños alimentan un poco por devoción y otro poco por diversión) y los miradores más espectaculares de las montañas.

Más tarde hemos pasado a la isla vecina, más pequeña, el verdadero jardín del Edén, Huahine Iti. Es absolutamente maravillosa, qué azules, qué transparencias… Hemos comido en un chiringuito junto al mar, precioso y exótico, todo de madera de raíz. Es el restaurante de la Pensión Marii. Y no es más caro que los chiringuitos de paella de Barcelona. Junto al restaurante había un tahitiano pintando un pareo que representa los dos símbolos de Polinesia, la tortuga y la raya. La mayoría de los tatuajes de los hombres se basan en diferentes diseños tribales de tortugas y rayas. ¡Qué estampa más auténtica!

Símbolos tribales en Huahine

La tortuga y la raya de este pareo son los símbolos tribales de Polinesia

Hemos estado toda la tarde en el agua, en los jardines de coral, observando peces tropicales de colores impensables, en un paisaje irreal que parece de otro mundo. No hemos salido del agua hasta que se ha hecho de noche. ¡¡¡Y el atardecer ha sido espectacular!!! ¡¡¡Qué fotos!!!

Por la noche hemos cenado en la “ciudad” (Fare, la capital de Huahine), en una roulotte de pizza. El bullicio en el pueblo de noche es increíble, pero no por la gente… ¡¡¡por los pájaros nocturnos!!! O_o’ Teníamos que tener cuidado con los “regalos de los dioses” que caían del cielo.

Mañana, ¡¡¡a Bora Bora!!!

Puesta de sol en Huahine Iti

Maravillosas las puestas de sol en Polinesia

Huahine

Hana Iti beach, Huahine

A Hana Iti llegamos en kayak, toda una aventura

Llegamos ayer de noche, así que cenamos platos exóticos buenísimos y nos fuimos a nuestra chocita, que es increíble, impresionante y totalmente auténtica, en medio de la selva y los árboles de frutas tropicales. Hoy hemos desayunado una bandeja de frutas exóticas y baguettes con mermelada de coco y vainilla. Hemos pillado las canoas y nos hemos ido de exploración por la laguna. Una playa fabulosa ha surgido tras un motu y ha sido fantástico.

Huahine - Hana Iti

Las vistas desde la atalaya. Esta es una de las fotos que hicimos nosotros.

Philip, el guardián de la playa, ha abierto cocos para nosotros y su hija pequeña nos ha llevado hasta un mirador desde donde se podían ver todos los azules del espectro, nos hemos quedado sin aliento. Tuvimos que atravesar una casa abandonada, un sorprendente bosque de bambú (extrañamente fuera de lugar allí), tuberías rotas, una peligrosa escalera con tambaleantes peldaños de madera y una plataforma de madera y piedra volcánica que nos hacía preguntarnos qué había sido aquello en el pasado. Mi novio me instaba a no escalar aquellos tablones amenazadores, pero yo había subido hasta allí y quería llegar hasta el final, así que me puse a cuatro patas y subí repartiendo el peso, por si acaso. Al final él se animó también y las vistas merecieron la pena. En cualquier caso, la niña no pisó ni un peldaño, se quedó abajo, esperándonos. Chica lista.

El príncipe del Pacífico

Imagen de rodaje de El príncipe del Pacífico, sobre la plataforma "tabú" de la película

Más tarde supimos que la playita maravillosa, ahora prácticamente inaccesible desde tierra, se llamaba Hana Iti y que es muy famosa, porque allí hubo hace años un hotel de superlujo increíble, que tenía chozas en los árboles y un jacuzzi individual justo al borde del acantilado. Ese hotel era de Julio Iglesias, pero sólo duró dos años, porque un tifón se lo llevó y quedó totalmente destruido.

Las fotos están hechas desde el lugar exacto donde estaba el jacuzzi. Y además, para más emoción, allí fue rodada enteramente la película “El Príncipe del Pacífico”, una comedia francesa, que merece la pena ver si vais a Huahine.

Hana Iti Hotel, Huahine

El jacuzzi sobre el acantilado del Hotel Hana Iti, el de Julio Iglesias, antes de que se lo llevara un tifón. Yo tengo una foto sentada en la piedra volcánica de la izquierda

Haciendo snorkel en el jardín de coral de esa playa hemos visto otro Edén, el submarino, corales ocre y lilas, peces de colores brillantes, ostras enormes… Un paraíso dentro del paraíso.

Ahora estamos en el chiringuito, con música tahitiana y un zumo natural de banana, lima y guayaba… ¡¡¡Momentazo polinesio!!!

Tahiti

Ia orana! Buenos días! Ya estamos en Tahiti!

En el aeropuerto de Los Angeles fuimos a tomar algo al Encounter, lo que los turistas suelen llamar “esa torre de control de diseño”, que es en realidad un restaurante temático ambientado en la ciencia ficción de los 70. Fantástico! Lo pasamos genial e hicimos fotos psicodélicas muy guapas. El vuelo se hizo corto pero frío. Se nos congelaron las legañas con el aire acondicionado, pero se nos descongelaron con la cálida acogida tahitana.

Mercado Papeete - Tahiti

El animado Mercado de Papeete, en la isla de Tahití

Cantos, ukeleles y collares de flores nos dejaron claro que éramos bienvenidos (maeva). Primer contacto con el tercer sexo tahitiano, la recepcionista era Mahu. Mi novio lo llama él, yo ella. Algunas familias educan a su tercer hijo como Mahu para que los cuide cuando sean viejitos, creen que es el sexo más adecuado para ello y procuran que se queden solter@s.

Dejamos las maletas y pillamos un bus a Papeete, la capital de Tahití. Los buses pasan cuando quieren, no hay horarios. Es la manera tahitiana, nos han dicho, las prisas se quedan en España… Hemos entrado en una iglesia, atraídos por lo que parecía un coro gospel ensayando para el domingo. En realidad eran solo tres fieles y el cura, que cantaban como los ángeles, en tahitiano. El cura estaba flu y se sentó en los bancos con ellos, dando la misa desde la primera fila, todos mirando al altar. Nos llamaron la atención los dibujos de las paredes, eran escenas de la biblia, pero todos tenían caras de polinesios, incluso la virgen. No deja de sorprenderme lo rápido que pasan los indígenas del politeísmo y los sacrificios humanos al monoteísmo y el fervor católico. Hablaré de ello más adelante.

Flores de tiaré - Mercado de Papeete

Artesana de las flores de tiaré en el Mercado de Papeete, Tahiti

Por cierto, Flu es un estado anímico de los tahitianos, a mitad de camino entre el cansancio, la apatía y la pereza. Aquí se puede llamar al trabajo y decir que estás flu y no pasa nada, lo entienden. O_o

Cenamos en las roulottes, que son unas 30 caravanas de venta de comidas, junto a los barcos del puerto, donde suelen venir los tahitianos a cenar habitualmente. Cenamos pescados locales y todo estaba buenísimo y bastante bien de precio. Unos 35 euros los dos. Los perros nos miraban con cara de penita para ver si les echábamos algo. Había muchos por allí, y todos muy parecidos. Claro, descienden todos de los mismos padres, los primeros perros que trajeron los colonos, porque aquí no había. Dimos una vuelta por la zona de bares y discotecas y vimos un concierto de un chico de aquí que cantaba muy bien, en inglés, pero el cansancio nos pudo más y no nos fuimos al hotel, estábamos flu también… Jajaja!!!

En el taxi pusieron mi canción favorita en la radio (Vini vini vana vana, en tahitiano) y el taxista nos dijo que era un tema muy popular desde los años 50. No podía ser más feliz!!! Hoy iremos al mercado y compraremos pareos y aceite de monoi, que es el secreto de belleza de las vahines, las mujeres tahitianas. Vahine significa mujer y esposa. Ya sabéis una palabra española que viene del tahitiano ^_^. Las otras son tabú, tatuar, pareo y ukelele.

Por la tarde volamos hacia Huahine, así que no sé cuándo os podremos contar más cosas. Abrazos desde el Pacífico Sur!!

Reportajes y vídeos para viajar a la Polinesia francesa

Hoy va de vídeos. Os enlazo aquí los mejores reportajes y vídeos sobre Tahiti y sus islas, porque no hay como ver en movimiento estos paisajes para enamorarse de ellos al instante. Yo he usado estos como inspiración para organizar mi viaje:

Españoles en el mundo: Polinesia (El famoso programa de TVE donde muestran el destino a través de españoles que viven allí. Español. 50 min.)

Paraísos cercanos: Polinesia (Un programa de La 2 que habla de Tahiti y sus islas. Español. 57 min.)

Entre el cel i la terra (Mi favorito, para conocer de verdad la Polinesia francesa. En catalán, pero merece la pena, porque no tienen pelos en la lengua)

Polinèsia, la meva terra és el mar (En catalán. 45 min.)

Bubbles: Polinesia francesa  (Ideal para buceadores y amantes del submarinismo. Español. 26 min.)

Tahiti TV (Un canal de tv en francés exclusivo sobre Polinesia francesa. Francés. Varios programas por temas.)

Tahiti en 4 minutos (Publirreportaje de la Oficina de Turismo de Tahiti)

Fabuloso reportaje visual (recomendable verlo en calidad máxima)

La danza del fuego (recomendable verlo en calidad máxima)

Para aprender a bailar

Para aprender a colocarte el pareo

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